martes, 23 de junio de 2015

Separación

Junio 9, día 310

El día empezó de una manera inesperada, un mongol con un caballo apareció en nuestro campamento y se puso a hablar con nosotros.


Este era un mongol de pura sepa, y su caballo también. Los mongoles son personas bajitas, con pómulos altos y ojos rasgados, en general muy asiáticos. Sus caballos, al igual que ellos, son bajitos, gorditos y bonitos, eso si, son muy fuertes y tienen un cardió envidiable. Dicen que en tiempos de las hordas mongoles, gracias a estos caballos los ejércitos se movían 180 kilómetros diarios!!! Eso es mas de lo que nosotros nos movemos cuando la carretera esta mala. 


Después de terminar de empacar y despedir a nuestro nuevo amigo, nos pusimos como meta del día llegar hasta Altai, que estaba a 180 kilómetros. Durante la mañana todo iba bien, íbamos avanzando a un paso letárgico pero era por culpa de que la carretera era toda rizada, a eso de la hora del almuerzo habíamos avanzado 80 kilómetros cuando una de las urales se dañó. 

Pedro descansando 

El lugar en el que estábamos era árido, pero al fondo se veían las montañas nevadas. 

Luego de que repararon la moto seguimos y nos encontramos a estos, camellos! Estos si tenían dos jorobas, no como los de África que eran dromedarios,

A los 10 kilómetros paramos a almorzar, como vengo diciendo andar con esta gente nos tiene malacostumbrados, que almuerzo tan bueno. 

El almuerzo fue pan, gran cantidad de salchica, queso, conservas, spaghetti... Entre otras cosas. 

Al terminar de almorzar las urales decidieron subir la velocidad y nosotros nos quedamos atrás. Al cabo de 30 kilómetros, el holandés, que también iba con nosotros, se aburrió de nuestro paso y se perdió también. Pasados 30 minutos  me dijo mi papa que paráramos a sacarle aire a las llantas, la carretera se había puesto mas mala y llena de arena, yo no proteste y paramos. 

Así se veía el paisaje.

luego de bajarle aire de las llantas a 20 libras, decidimos que íbamos a seguir, montaríamos justo antes de que se pusiera el sol, si encontrábamos a las urales bien, sino nada que hacer pero no íbamos a manejar de noche. La tarde siguió y la carretera estaba tan mala que empezamos a parar cada 30 minutos para dejar que la suspensión se enfriara un poco. 



A las 7:00 llegamos a una pequeña aldea, paramos a comprar agua, ya nos habíamos hecho a la idea que no íbamos a poder alcanzar esa gente. Seguimos otros 40 kilómetros y con los últimos rayos del sol encontramos un lugar donde poner la carpa. Mi papá armo la carpa de noche mientras yo cocinaba. 

En medio de la cocinada el fogón, que hasta el momento había sido infalible, falló! Estamos usando una estufa marca MSR que quema gasolina, se me ocurrió que podía ser que necesitaba mantenimiento y tome nota mental de hacerle tan pronto pudiera. En fin, comimos en silencio la pasta medio hecha y una lata de atún, con el hambre que teníamos esa fue la mejor comida del mundo. Después de terminar nos fuimos a dormir y decidimos que íbamos a levantarnos temprano para recorrer los 40 kilómetros que nos faltaban hasta el pueblo y reencontrarnos con nuestros compañeros.