martes, 23 de junio de 2015

La previa

Junio 12, día 313

Nos levantamos con toda la intención de llegar lo más cerca que pudiéramos a Bayankogor, después de levantar el campamento avanzamos son problema los primeros 40 kilómetros hasta que la carretera paso de ser pavimento a ser trillo, mi papá y yo paramos un momento a bajarle aire a las llantas. Al cabo de 40 kilómetros de esto encontramos una de las urales devolviéndose, nos dijo que había dejado caer una bolsa de color verde militar, nosotros le dijimos que no habíamos visto nada por el camino. 

Pedro durmiendo bajo la sombra de la moto. 

Al rato llegaron los otros tres, les contamos lo que pasaba -johanes se devolvió, se le cayó esa bolsa militar que el carga, que imbécil -me respondió Anna- yo la recogí aquí la tengo. Plop! El pobre Johanes estaba buscando algo que no iba a encontrar. En fin decidimos esperarlo ya que no teníamos suficiente gasolina para irlo a buscar. Esperamos y esperamos y al cabo de 2 horas apareció, le contamos lo que paso y con cara de frustración dijo que la próxima vez le avisáramos cuando recogiéramos algo. En fin, justo antes de que el llegara habíamos hecho almuerzo, nos lo comimos juntos y luego hicimos una planeación de la ruta. Había un pueblo a 50 kilómetros de ahí en donde creíamos que podíamos echar gasolina, pero creíamos que quedaba un poco fuera de la ruta, entre Johanes y yo decidimos que deberíamos ir a este porque sino íbamos a llegar en reserva y eso nos podría complicar la vida en caso de una emergencia. 

Después de esto seguimos y al cabo de 5 minutos me dice mi papá por el intercom: Daniel creo que me pinché, yo les trate de hacer señas y pitar a los de las urales pero no me escucharon y siguieron. Yo me devolví entonces y vi que efectivamente se había pinchado, su llanta tenía un clavo saliendo de manera muy aparatosa. 


Inmediatamente nos pusimos a trabajar para cambiar el neumático, todo iba bien hasta que tratamos de que la llanta se "desasentara", el primer lado no fue un problema, pero cuando volteamos las a llanta y tratamos de sacar el otro, nada paso ! Eso le saltamos encima, le hicimos con el gato de mi moto, con palancas para llanta, piedras.... En un punto ya nos habíamos quedado sin ideas y lo único que se me ocurrió fue volver a montar la llanta y andar un rato así haber si salía. Lo hicimos, me monté en la moto y monté de la manera mas violenta que me lo permitieron mis habilidades y hasta me caí, pero nada esa llanta seguía igual, al cabo de 15 minutos de eso vi que no estaba funcionando y paré. A continuación volvimos a bajar la llanta y a ponernos a pensar, a mi papa se le ocurrió que tratáramos de sacar la llanta sin desasentar uno de los lados, a mi me pareció algo loco pero accedí, después de un rato batallando y no sin mucho esfuerzo logramos sacar la llanta e inmediatamente pudimos desasentar el otro lado. 

En ese momento yo saqué mi inflador, iba a empezar a inflar pero nada, al parecer el inflador se había dañado, en ese momento pasaba un carro al cual yo paré y le pedí ayuda, el nos vío todos embalados y de una se bajo a ayudar, además descubrí que lo malo no era el inflador sino la conexión 12 voltios. 


Al terminar les dimos muchísimas gracias y seguimos nuestro camino, a los 30 kilómetros vimos que teníamos señal y una de las alemanas estaba llamando, nos dijo que estaban esperándonos en el pueblo. Con estas nuevas terminamos de llegar al pueblo, pero lo que paso esa noche y los días siguientes, es digno de una película y será contado en otro post...