martes, 23 de junio de 2015

40 km + 100 km - 100 km...

Junio 10, día 311

Nos levantamos y en un tiempo récord empacamos la carpa y salimos.

Justo antes de salir con un niño curioso que andaba por ahí.

En menos de lo que canta un gallo estábamos en la ciudad y de una nos fuimos para el mercado para encontrarlos, pero no! Ahí no estaban !! Pensamos bueno, demás que andan acampando y se levantaron tarde, decidimos entonces ir a comer. Dejamos las motos parqueadas y fuimos al mercado, como en los grandes merados del mundo los de Mongolia están divididos en secciones, buscamos la sección de comida pero fuimos poco exitosos entonces le preguntamos a un Man con señas y el nos llevó, el lugar era muy sencillo pero la comida estaba deliciosa, fideos con: carne, grasa y vegetales. Ya comidos intentamos ir a la casa de baño a bañarnos, tuvimos la mala suerte de que hubiera una fila de 2 horas entonces mas bien fuimos a buscar internet. 

Encontramos un café Internet y nos desatracamos de lo que estaba sucediendo en el mundo, además fallamos tratando de llamar a los de las urales. Al terminar ahí fuimos a mercar, compre carne enlatada, salsa de tomate, pasta y dulces. Mientras yo hacia eso Pedro fue a dar una vuelta por el pueblo haber si veía alguna señal de ellos. Nos encontramos afuera de el supermercado y al mismo tiempo vimos que el holandés estaba pasando por ahí, que emoción tan brava me imaginaba que las urales iban a estar justo detrás de el! Pero no, paró y nos explicó que había perdido a las urales justo después de que nos perdió a nosotros el día anterior, llegamos entonces a la conclusión que las urales habían pasado el pueblo y debían de estar un poco mas adelante. 

Johr (el holandés), tenía que comprar unas cosas y luego buscar algo de comer, mi papá, quien tiene un hambre constante digna de admirar, se ofreció a acompañarlo a comer. Yo por mi parte me fui a buscar desesperadamente wi-fi por todo el pueblo. Al fin encontré una tienda que vendía celulares con wi fi y con cara de perro en misa le dije a la señora que si me dejaba conectar s la red, ella al verme con esa pinta y posiblemente oliendo medio maluco (ya llevaba 4 días sin bañarme) o le dio lastima o susto porque me dejo la clave de una. Lo primero que hice fue tratar de llamar a las urales, ninguno de los 3 que tienen celular tenía señal, luego al ver  que eso no iba a servirles escribí un mensaje diciendo que pensábamos que ellos estaban adelante entonces que íbamos a seguir y que nos veíamos pronto. Salí de la tienda y encontré a mi papa con el holandés, luego volvimos a la casa de baño a tratar de bañarnos pero la fila estaba peor, entonces tomamos el camino para seguir. 

Nos encontramos con la agradable sorpresa que era pavimento, al cabo de 10 kilómetros decidimos parar y volverle a echar aire a las llantas. A los 100 kilómetros había una pequeña Villa en la cual queríamos parar a echar gasolina por ultima vez antes de la siguiente ciudad. En el pueblo después de terminar con la tanqueada, se me ocurrió  que en este pueblito podía haber una casa de baño y ahí no habría fila. Tenía razón y después de preguntar un poco encontramos el lugar, había agua caliente y todo, desafortunadamente solo había 2 duchas entonces los primeros en entrar fuimos el holandés y yo, me demoré un buen rato sacándome gran cantidad de mugre y lavando ropa. Al salir mi papá ya estaba en la ducha, me termine de arreglar y vi que una de las alemanas estaba llamando a nuestro celular mongol, conteste y me contó que acababan de llegar a Altai! Ósea estaban a 100 kilómetros detrás de nosotros, nos propusiéramos que los esperáramos que ellos nos alcanzaban rápido ! Mi papá y yo discutimos un poco y decidimos que andábamos pasando muy bueno con esa gente, que lo mejor era dar la vuelta y reunirnos con ellos. El holandés por otra parte dijo que el si iba a seguir, con algo de tristeza nos despedimos de el y quedamos de encontrarnos con el cuando pasara por Colombia, sin más nos devolvimos para Altai a buscar a nuestros amigos.

Los 100 kilómetros de vuelta fueron placenteros, el paisaje es bonito y venia escuchando un audio libro, andamos escuchado el Quijote de la mancha, que nota de libro me trae sorprendido de lo bien que contó Cervantes esta historia escrita hace mas de 400 años. Al fin encontramos a la gente en la casa de baño, hicieron una hora y media de fila pero se sentían muy sucios, me contaron que se perdieron y estuvieron esperándonos por un par de horas en la carretera equivocada después de lo cual decidieron seguir. Ellos también estaban con los dos alemanes en camionetas que habíamos conocido un par de días atrás.  Después de reunirnos con ellos y contar nuestras respectivas historias, abrazarnos y darnos las gracias por volver fuimos a buscar un lugar para acampar.