domingo, 3 de mayo de 2015

Nieve

1 de mayo, día 271 

Depues de haber dormido muy bien, empacamos y al cabo de un rato estábamos listos. Ledi nos dijo que desayunábamos en su casa, entonces eso hicimos. 




El desayuno era papas, queso pan, un guiso y té! Muy sencillo, pero muy bueno, se come muy bien en Georgia. 


Mi papá Ledi, Luka la abuela que tenía un nombre georgiano rarisimo. 
Con Luka y Ledi 

Después del desayuno sacamos las motos de la casa y acompañamos a nuestra anfitriona al colegio, donde nos recibieron una gran cantidad de niños, muy bacano que se veían felices de ver extranjeros visitar su colegio. Ahora era tiempo de despedirnos de Ledi, salimos al patio y nos despedimos como grandes amigos, yo creo que ella nunca se imaginara la buena impresión que me dejo de la gente de Georgia, además lo enriquecedor que fue compartir una comida con una familia muy humilde y georgiana a morir 


Al salir de su villa nos adentramos cada vez mas en las montañas, siempre para arriba. A medida que avanzamos el paisaje se volvía cada vez mas exótico. Digo exótico porque viniendo de un país como colombia, mi mente no esta acostumbrada a ver nieve entonces cada vez que veo esa cosa blanca me emociono mucho, que pena, parezco un niño chiquito. 

Pero bueno, las fotos describen mejor lo que vivimos en esos kilómetros. 




Al cabo de 2 horas por este tipo de paisajes, la carretera cambio de ser un destapado horrible a un pavimento muy bonito. En esas nos encontramos un ruso que andaba en una goldwing, iba desde Rusia hasta Alemania, lo único que le pudimos recomendar fue que no se metiera por la carretera que veníamos, la goldwing no hubiera pasado. 


El ruso 


Mas entrada la tarde encontramos un monasterio y valía la pena tomarse una foto ahí. 

Ya entrada la tarde tocaba buscar donde dormir, después de preguntarle a mucha gente nos encontramos con un pelao que nos llevó a la casa de un monje donde creía que podíamos dormir, desafortunadamente el monje no estaba entonces nos termino mostrando una manga donde el creia que podíamos poner la carpa.

El muchacho y su papá. 

Después de terminar de armar el campamento apareció un carro en la carretera que pasaba por el frente de donde estábamos acampando. De el, se bajo un tipo y nos dijo algo, lo que le entendimos fue que ahí no podíamos, que esa era la casa de un monje. Yo me asuste y pensé que íbamos a tener que recoger el campamento, pero al rato llamó al monje y como que le dijo que no había problema. 


Inmediatamente al tipo le cambio la expresión y nos llevo comida, un queso agrio muy bueno con pan. Ya de noche nos invito a acompañarlo mientras ordeñaba las vacas, además llamo a un amigo que hablaba ingles, con el amigo íbamos a hacer un asado pero empezó a llover y mas bien decidimos encuevarnos y tratar de dormir. El Man al ver que nos íbamos nos dio una garrafa de vino para "cuando necesitáramos tomar". 

El ordeño nocturno. 

Escribo esto desarrasandome desde un apartamento en Tbilisi.