sábado, 20 de diciembre de 2014

20 de diciembre, rumbo al lago Kariba en Zambia

— ¡A tierra! ¡A tierra! Ya son las seis. Le dije a Daniel tan pronto amaneció. Recogimos el campamento y salimos a las 6:30 con la ilusión de ir a Siavonca, estar un rato en el lago en la frontera con Zimbabue y continuar hacia Lusaca, la capital de Zambia.

Todo empezó muy bien, cruzamos sin ningún contratiempo el río que nos había detenido el día anterior y avanzamos un par de kilómetros por un destapao en muy buenas condiciones. Al llegar a una pequeña aldea nos desviamos por la carretera que nos debía conducir a Siavonga, y ahí empezó a ponerse difícil la situación. Esta era una vía en tierra sin ningún tipo de afirmado, la cual, con la suave llovizna que estaba cayendo, se convirtió en una pista jabonosa. Así, en cerca de dos horas, algunas caídas, y con la ayuda de un local que iba en su pequeña moto con acompañante a bordo, logramos avanzar 16 kilómetros y llegamos a otra pequeña Villa donde tomamos nuestro cereal con leche klim de desayuno. Después de visto lo visto, teníamos dos opciones: seguir otros 7 km de vía igual, y luego 70 de destapao hasta el pavimento o seguir 34 km por otra vía destapada. Pero como el día era joven, a eso de las 9:00 seguimos por la carretera mala, pero el impulso no nos duro ni un kilómetro, ya que el pantano hacía imposible continuar. Así que nos fuimos por la de 34 kilómetros, y esta resulto bastante buena, aunque con algunos trayectos de mucho barro.  

— ¡Huy se acabo la carretera!, le escuche decir a Daniel por el Intercom.
Y efectivamente no había más carretera, o por lo menos no como por la que íbamos. Así que nos acercamos a una choza a preguntar por donde seguíamos para Lusaca y nos dijeron que debíamos cruzar el río y continuar por unos cuantos kilómetros de trocha hasta encontrar la carretera principal. ¡Oh sorpresa! El río era enorme y no era posible pasarlo, y nos vimos obligados a dar media vuelta para deshacer lo recorrido. La lluvia se intensifico un poco y luego de llevar unos 20 km yo iba adelante, y después de una pequeña colina, una vez empezó la bajada, se me fue la moto de atrás y al suelo, y en ese mismo instante escucho por el Intercom un grito de Daniel, dejo la moto tirada y salgo corriendo como puedo, y él no decía nada más, creí que se había quebrado algo, pues cuando llegué aún tenía la moto encima pues también se había caído. Llevaba el visor abierto y se pegó con el parabrisas en una de sus cejas y por poco se la rompe. Un aldeano que pasaba nos ayudo a parar las motos, con toda la amabilidad del caso y sintiendo mucha pena por nosotros, no paraba de decir "sorry". Esta parte final de la carretera se hizo muy difícil, a duras penas se podía uno sostener de píe sobre ella. A la una de la tarde estábamos de nuevo donde desayunamos, y lo que hicimos fue comer otra porción de cereal para seguir y a las tres llegamos donde habíamos iniciado el día. Tan pronto salimos a la carretera buena empezamos a sentirle a las motos un ruido muy desagradable, y después de revisar nos dimos cuenta que era por la cantidad de barro que había metido donde va el piñón delantero, desarmamos y limpiamos y continuamos rumbo a Lusaca, donde llegamos a las 9 de la noche, ensopados hasta los huesos.

Saludos.